viernes, octubre 28, 2011

Houyhnhnm

24-IV-2011

Odio esa serenidad. Verme y no ponerte nervioso. Me ves y me saludas, sonríes, intercambias palabras, me das una palmada cordial en la espalda.
Hielo. Nada. No sientes nada. Solamente saber que ibas a ir al dentista te provocaba mayor turbación. Yo nunca llegué a enraizar como tus muelas del juicio.