viernes, mayo 01, 2009

Oye.

Dos viejos amigos paseaban por Madrid. Uno de ellos hacía diez años que había ido a vivir allí, mientras que el otro había seguido toda su vida en el pueblo en el que los dos habían crecido. Iban hablando por la calle, y sus palabras se mezclaban con las voces de los otros peatones y los insoportables ruidos de máquinas y coches.
En un momento, el chico del pueblo se detuvo y dijo: “Oigo un grillo”.
“¿Cómo vas a oir un grillo? –dijo el otro-. ¿Cómo podría ser que lo oyeses entre tanto ruido?”
El primero, sin decir nada, guiándose por su oído, se dirigió ciegamente a torcer una calle, miró a los pies de dos árboles, y en el segundo, ahí estaba: un grillo.
El amigo, asombrado, soltó una carcajada y dijo:
-¡Qué fenómeno! Tienes suerte chico… me parece que a mí el ruido de estas calles me ha dejado sordo.
-No, no es eso… Cada uno oye lo que le interesa
-No seas modesto!
-No es modestia!
Sonrió, y metió la mano en el bolsillo. Entonces dejó caer al suelo un puñado de monedas, y todo Madrid se giró a mirar.





Creo que más o menos así era la historia que Ansley nos contó mientras hablaba de la importancia del oído. Había preguntado a sus amigos, y todos dijeron que preferirían ser sordos antes que ciegos, excepto una amiga suya.
“Después de todo, cómo te peinas, qué ropa te pones, qué coche te compras… sólo lo haces para que la gente te pregunte qué tal estás”.


Marz

jueves, abril 23, 2009

Los pájaros (no spoilerizada)

El domingo pasado por la tarde, después de comprobar que efectivamente la TDT sólo ofrece una más amplia variedad de canales para no ver, puse desesperadamente el canal Castilla y León. He de decir que realmente me sorprendió lo que encontré. Estaban emitiendo “los pájaros” de Hitchcock.

Me puse a verla. Tenía curiosidad, yo sólo conocía la típica imagen de la chica que se encierra en una cabina para que los pájaros no choquen contra ella.



La película era bastante más interesante de lo que esperaba. Sin entrar en detalles, voy a decir que, llegado un momento, todos los pájaros comienzan a atacar a la vez, en “equipo”. Lo que me llamó la atención fue cómo lo organizaban.

Explico el panorama: los dos protagonistas salen a la calle tras uno de los ataques. Y ahí están todos los pájaros, cientos y cientos de ellos, observándolos fríamente, posados en los cables de la luz, en las vallas, en los columpios… Esperando para la siguiente agresión, que ocurriría después de un tiempo indeterminado, y sería muchísimo más fuerte. Y mientras tanto, la rubia y el guapo no pueden hacer más que aguardar con incertidumbre e impotencia hasta el siguiente ataque.







Una misma, adormilada y despeinada en su sillón, y con la ropa de estar en casa en una tarde de domingo vaga y estúpida, no pasó por alto lo mucho que le recordaban esas gaviotas y esos cuervos a sus propias preocupaciones.


Me da igual que Hitchcock plantease la película con otro propósito.






No llegué a ver el final. Inusualmente en mí, me quedé dormida poco antes del desenlace. Por esto mismo, podemos pensar a modo de conclusión que todas esas preocupaciones no son tan importantes como para quitarme el sueño.



A mí me apetece mucho pensarlo.

lunes, abril 06, 2009

vamos a jugar

Vamos a jugar.
A qué?
Vamos a jugar a un juego que se llama “qué es lo mejor que podría haber pasado”.
Y cómo se juega?
Lo mejor que podría haber pasado es: que no me hubiese subido a un bordillo y que hubiese aprobado el carnet…
A mí, que me hubiesen dejado irme de viaje farrero con los de clase… y que me dieran la beca.
Que no me hubiese cortado el pelo en ese sitio.
Volver al pasado?
mmm...
Y que no existieran los teléfonos móviles.
Ya lo creo.
Lo mejor que podría haber pasado es eso y que... se me ocurriese una letra buena para lo que compongo.
Y que ahora mismo apareciese en el medio del campo alguien con helado.
Vaya que sí! Ángel, tienes helado?
Si, aquí mismo tengo helado, pues claro que no, no te parece?
Ángel, a ver si aprendes a jugar.
Tséeee… huevo!
Tú ya no nos quieres como antes.
Aaaay dolor...



Marz

martes, marzo 24, 2009

she stared at me II

Acepté tomar ese café con ella. Quería hablarme… de no se qué! De cómo había cambiado todo desde que no estábamos juntos. A mi eso ya no me interesaba. Ella misma no me interesaba. Y cuando la vi esperándome a la puerta de la cafetería, lo confirmé: ella había cambiado, me parecía incluso más fea, más vieja, más estropeada y carente de toda luz.

Sin embargo, cuando el café empezó a llegar por la mitad de la taza, tras oir sus explicaciones, comencé a sentirme distinto. Con cada palabra que ella pronunciaba, parecía incluso que estaba más guapa por momentos. Su pelo, el cual apartaba casi como un tic de su cara agachada, ya no parecía de alambre, sino que la luz que entraba por el ventanal lo hacía ser de nuevo de su bonito color castaño. Unas nuevas palabras de disculpa hicieron más dulce su gesto, las lágrimas suavizaban los rasgos que en un principio eran duros. Veía de nuevo el color en sus mejillas detrás de esa piel mate, y el brillo del arrepentimiento hacía que sus ojos cambiasen de un tono frío y oscuro a su color miel otra vez. Las palabras brotaban de sus labios con una voz cada vez más armoniosa, alejándose del tono áspero del inicio de la tarde.

Esa tarde renacía ante mí la chica con la que había compartido mi vida antes de que todo se viniese a pique. Allí estaba ella, echando por tierra con sus argumentos todos mis esquemas mentales acerca de nuestro problema. Sentí de que debajo de todo mi orgullo, en el fondo yo también estaba deseando verla. Que deseaba realmente que ella estuviese arrepentida de todo lo que había hecho. Ahora veía que así era, que ella me quería.

Y entonces, según siguió hablando, noté cómo incluso su ropa comenzó a cambiar. Su camiseta y sus vaqueros empezaban a transformarse en un vestido largo, rosa y pomposo. Sus ojos tomaron color azul intenso y su media melena castaña comenzó a crecer y a tornarse cada vez más rubia y ondulada. Las palabras que ella seguía emitiendo hicieron que a su alrededor brillase el sol y el arco iris. Entraron pájaros por la ventana que revoloteaban a su alrededor, mientras su tono de voz se volvía ya completamente música. Mientras terminaba una frase, las puntas de una tiara con diamantes comenzaron a emerger de su cabeza.

Entonces me di cuenta.

“Está mintiendo… está mintiendo desde el principio”

Horrorizado, me levanté rápido de mi asiento. Sin decir nada, dejé el dinero en la mesa y recogí rápido mis cosas. Y allí la dejé con todo su aura, llorando y gritándome unas últimas palabras antes de que me fuera, mientras ahora su silla se elevaba formando un torreón de piedra, mientras delante de ella aparecían rejas, y un dragón llegaba para custodiarla. El cielo rojo y gris se quedó con ella cuando me alejé.


Marz

lunes, marzo 16, 2009

some dinosaurs never die

...o de como una pelirroja consiguió un gran número de seguidores en cuanto Mik desapareció.


No, no vengo a reclamar un inmerecido trono. Ni a justificar mi larga ausencia. Mik aplaude a su manera (o sea, agarrando a Colón por la solapa con la mano derecha y abofeteándole con la izquierda) el logro de Marz.

Marz es una artista nata, toca y escribe con un gran sentimiento y habilidad (y esa acidez tan característica de cuando está inspirada). Eso sí, no pienses que por ello me vas a robar la buhardilla húmeda y destartalada, y que vas a acaparar todo el vino aguado y el pan duro. Oh si, ¡eso me lo he ganado a pulso! Tras largos años de dura lucha contra un mundo que no me deja ni practicar la nigromancia como carrera, y ni siquiera encuentro una escuela donde me enseñen a hacer bolas de fuego (¿y quién no adora el fuego?) merezco una compensación.

Aunque siempre me quedará la guitarra eléctrica, ese instrumento que puede revivir a los muertos (y matar a pijos y perroflautas), crear ardientes ritmos, y hacer vibrar al mundo entero. Por ello Mik no hace mucho decidió vender uno de sus riñones para mejorar su preciada guitarra.

Sí, habéis leído bien, uno de mis riñones. Sé que ahora, queridos seguidores, estaréis alarmados, pensando: "¡¿Y como filtras ahora los líquidos, si un riñón era para Whisky y otro para Vodka?!". Eso demuestra que no me conocéis lo suficiente, y por ello no merecéis ser llamados seguidores (y menos aún queridos) pero como soy un dios magnánimo, os lo perdonaré después de que me hayáis adorado durante los próximos 10 eones.

Está claro que lo que hice, naturalmente, fue dirigirme a la comunidad de perroflautas mas cercana y embolsarme 15 riñones (el que sólo tenía un riñón debía ser también guitarrista).


Lo hice, y sé que Gregory Samsa habría hecho lo mismo en mi lugar.




Mik

martes, febrero 03, 2009

Ensayo sobre la infancia

La infancia. Si amigos, esa etapa de felicidad por antonomasia. Periodo de tiempo que, excepto los que nacen viejos –conozco un par de ellos- físicamente todo el mundo ha de tener.

La infancia, periodo bonito y extraño, en que todo es al contrario que en la madurez. Ha habido montones de tipos que han estudiado acerca de esto, por nombrar al mítico, Freud.
Freud estudió qué acciones daban placer al niño durante determinadas etapas. La mayoría estaban relacionadas con mearse o cagarse encima. Y aquello de lo que nos sentimos tan orgullosos, de hacer reir a un niño? Un niño muy pequeño se ríe cuando está asustado (ok. Guardemos nuestras muecas).
Una de las más curiosas que he oído: el niño alarga la mano hacia un objeto alejado no para indicarnos que lo quiere y que se lo acerquemos, sino para cogerlo, ya que aún no tiene formado su esquema corporal y no sabe hasta qué punto su brazo no es infinito.
Otro dato, la hiperactividad infantil disminuye cuando se les suministran al niño anfetaminas. Y los bebés sólo quieren quedarse para siempre con papá y mamá porque son las únicas personas con las que duermen a gusto.

Antiguamente las personas se dividían en niños y adultos. Ancianos no había porque nadie vivía tanto, y la línea de división entre una categoría y la otra se medía según parámetros biológicos –exclusivamente-.
Ahora (como absurdamente se hace en casi todos los estudios) el asunto se ha plagado de subdivisiones. Bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes, adultos mayores, ancianos, cuarta edad y momias. Ahora uno no empieza a ser el grado más bajo de adulto hasta que se tienen veinticinco años.
Entonces, lo que estamos haciendo es alargar la infancia. Me parece correcto. La vida se alarga, pues que se alarguen las dos etapas.


Pero, cómo de ancha es la línea que separa el parchís de la oca- el parchís de la oca- el parchís de la oca? Enseguida nos parece mal si una persona no se comporta de forma adecuada al grupo-subgrupo-subsubgrupo de adulto al que pertenece. Es muy recurrente la frase “qué inmaduro” cuando, realmente, podríamos considerarlo una evolución de la humanidad en la misma línea que hasta ahora, no es cierto?

Así, una se toma la libertad de considerarse (Darwin me daría dos besos) un ejemplo de evolución. Aprendo más por lo que oigo que por lo que leo. La oscuridad me da miedo (como a todo el mundo debería!) y cuando algo de fuera me da miedo pongo hahahah una sonrisa. Yo a veces también pienso que puedo llegar a cosas que están bastante lejos del alcance de mi mano. Y sólo quiero estar unida eternamente a quien me deje dormir tranquila.

Lo de las anfetaminas puedo confesar que nunca lo he probado.
Y lo de mearme encima… bueno, os juro que hace años que no…

martes, enero 06, 2009

she stared at me

Estaba seria, pero a mí me encantaba. Ni siquiera se había preocupado en peinarse o en vestirse bien, pero estaba preciosa. Me había dicho que tenía que decirme algo, yo se lo recordé, y entonces me miró a los ojos. Sus ojos, que eran todo el territorio que yo necesitaba. Empezó a hablarme sin desviarlos.

-Verás... cuando empezaste a salir conmigo, ya sabías que yo era una persona inestable, ¿no? Que era polar.

¿"Que era polar"? ¿Y qué es lo que ella veía de malo en eso, qué es lo que yo debería ver? Polar, como todas esas tierras blancas prácticamente vírgenes, naturaleza en estado puro, explosión de luz. Su piel, sus abrazos, tiernos como los de osos polares. Kilómetros y kilómetros de agua en todas sus formas, vida, para ella y para mí. ¿Lo imagináis? Nosotros dos solos ante esa inmensidad, dueños de toda esa belleza. Seis meses de eterno día junto a ella, seis meses de continua noche a su lado.

-Pues bien... ayer te quería... pero hoy ya no.


Solo entonces sentí el hielo.



Marz